Historia

Se incluye la aparición de la Stma. Virgen de las Mercedes dentro del gran número de apariciones que se prodigaron en la Baja Edad Media, en el periodo inmediatamente posterior a la Reconquista, por parte de las tropas castellanas, de todo el actual Valle del Guadalquivir y sus contornos. Sobre las mismas se han tejido hermosas leyendas, así como interpretaciones históricas que resultaban claramente erróneas. Efectivamente, una vez que de las tierras conquistadas eran expulsados los musulmanes y, posteriormente, eran repobladas con cristianos procedentes del Norte de Castilla, todo el territorio que comprendía el antiguo reino de Sevilla, se convertía en tierra fronteriza. El hecho de ser tierra cercana a la frontera con los musulmanes, provocaba que constantemente fuese objeto de razzias (incursiones de botín y saqueo), que sembraban el pánico entre los habitantes y que les obligaban a esconder, además de sus pertenencias, sus imágenes de culto más queridas. Estas volvían a aparecer posteriormente y era revestido de un carácter milagroso el hecho de su aparición. Dicho todo esto, es erróneo considerar a estas imágenes anteriores a la invasión musulmana, es decir, al periodo visigodo, periodo en el que no se encuentran imágenes de la Virgen María.


Con los datos históricos que dispone la Hermandad, se puede afirmar que la situación en la que aparece la primitiva Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes concuerda con lo expuesto anteriormente.


Algunos autores, que se interesaron en su momento por esta aparición, coinciden de manera general con la leyenda del pastorcillo, así como con los siguientes sucesos que rodean esta historia, si bien ha habido otro que situaba la aparición en medio de las ruinas de un templo romano abandonado por el tiempo: “ al sobrevenir la invasión de los musulmanes que entraron a sangre y fuego por tierras de Andalucía persiguiendo a los cristianos con un fanatismo satánico, los naturales de Bubulca, temiendo fuera destruida y profanada la imagen de Nuestra Señora, determinaron ocultarla, como otros tantos pueblos hacían; y para mejor disimular el ardid, debieron destruir también el antiguo santuario soterrando una de las columnas con la Virgen encima; amontonaron después alrededor los otros restos del templo, formando con todo una especie de montecillo, cubierto de zarzas y malezas, que sirvieran de defensa a la Virgen contra el peligro, disimulando el Tesoro que ellos tanto estimaban”. Se debe señalar, sin embargo, que todo lo anterior no son más que especulaciones sin ningún fundamento, ya que los únicos restos arquitectónicos de los que se tiene referencia, son dos columnas y sendos capiteles, siendo extraño que no hubiesen aparecido más restos del citado templo.


Cuenta la hermosa leyenda realizada sobre la aparición de la Virgen, de la que J. Alonso Morgado [i] hizo quizás la mas bella interpretación, que:

“... un pastor que apacentaba sus ganados, en las inmediaciones del sitio donde hoy se halla levantada la Ermita
ó Santuario de la Señora, observó que las ovejas acudían a agruparse alrededor de un espeso zarzal, y le costaba siempre trabajo apartarlas de allí. Aproximándose un día a el sitio, vio con sorpresa y admiración, una preciosa Imagen confundida en el centro de las espinosas ramas, sin tocarle, quedándose atónito y dudando de la visión. Mas internándose a costa de afanes entre las zarzas, logró cerciorarse de la realidad, y halló a la Señora sobre un trozo de columna de mármol blanco...Tan prodigioso acontecimiento llenó de conmoción a los hijos de Bollullos, y acudieron presurosos a presenciar la maravilla de la aparición de la Sagrada Imagen conservada intacta y milagrosamente entre las zarzas, como el lirio de los valles entre las espinas, sin que los rigores del tiempo ni las inclemencia de las estaciones, hubiesen causado en ella la más leve imperfección. Todos dan gracias a Dios por aquella señalada merced que les dispensa, con la posesión de aquel rico tesoro y estimable reliquia de la antigüedad cristiana; y llegan a persuadirse de que dejándose ver allí tan peregrina Efigie de la Madre de Dios había significado la Santísima Virgen su voluntad, de permanecer en el mismo sitio parar recibir los homenages de la devoción de aquel pueblo, ya suyo por elección y se proyecta desde luego de erigirle un Santuario, para su culto y veneración...”


Sobre la fecha de aparición se ha escrito que se produjo a mediados del S. XIV cuando Bollullos junto con todo el Condado de Niebla pasó como dote de Dña. Beatriz de Castilla al casar ésta con Don Juan Alonso de Guzmán, entró también bajo la jurisdicción de los Guzmán; ya en esta época son varias las tradiciones que se relacionan con la Madre de Dios y a esta época también parece referirse la milagrosa aparición de nuestra Excelsa Patrona...


González Gómez y Carrasco Terriza fechan la aparición en torno al año 1.400.


Idéntica datación utiliza Flery, que la sitúa a finales del S. XIV o principios del XV.


Para concluir, debemos advertir que tanto ésta como otras narraciones parecidas que hacen referencia a las apariciones milagrosas de la Santísima Virgen, hay que tomarlas con las naturales reservas, ya que en ellas han primado más un componente devocional que un deseo de fijar cronológica e históricamente un suceso.


El primer documento, existente hasta la fecha, en el que se nombra a Nuestra Señora, corresponde al testamento hecho en Bollullos en 1396 en el que el primer Conde de Niebla, Don Juan Alonso Pérez de Guzmán,   ... a la obra de la yglesia de Santiago del mi lugar de Bollullos que gelo den. E mando a las hermitas de san Joan de Morañina e de Santa Maria de las Mercedes termino del dicho lugar, a cada una de ellas çinquenta maravedis ...”


Otro documento es una manda piadosa de Doña María Íñiguez, mujer de Alfonso Algava, en Almonte, y que está datada en 20 de Julio de 1.456, por la cual se deja testado, se digan misas por el descanso de su alma a la Virgen de las Rocinas, otra en la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, y otra en la ermita de Santa María de Morañina.


Los especialistas han datado la fecha de la ejecución de la Imagen actual, hacia el Siglo XVI, momento en que dicha Imagen sustituiría a la primitiva, que se encontraba en la ermita desde su aparición.


Del hecho de que esta devoción aumentó considerablemente en el siglo XVII, da fe la circunstancia de que, en 1.671, se funde la Hermandad en torno a la venerada Imagen. Este sentimiento de amor a la Señora caló tan hondo en los habitantes de la villa que pocos años después, en 1.683, ya se declaraba Patrona a Nuestra Señora de las Mercedes en reconocimiento por su mediación librando a la población de la pertinaz sequía que asolaba la comarca.


A raíz del enorme empuje que empezó a experimentar la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes, no es de extrañar que surgiera un grupo de devotos que, aglutinándose a los pies de la Divina Imagen, dieran cuerpo a una Hermandad para rendirle culto y veneración. Consta en el primer libro de actas que tiene esta Hermandad, “Libro en que se escriben los hermanos que tiene esta cofradía de nuestra señora de las mercedes y los cauildos que hasen sus diputados y hermano maior que oi lo es diego Rodriguez Camacho. Este presente año de 1.693", una nota firmada remitiéndose a la fecha de la fundación de la misma: “Que en el año de Mil seiscientos setenta y uno se fundó, con Licencia del Señor Prouisor, esta  Hermandad: consta de un Acuerdo celebrado en veinte y dos de Mayo de mil seiscientos setenta y dos años, ante el Lizenciado Diego Benitez, escribano de ella, el que se halla en el libro 1º que tiene esta Hermandad protocolado en el archivo de la Parroquial de esta Villa==Visto por mi el escribano desta cofradia año de 1763. Juan Ximenez Bazquez”.


En sus inicios, la Hermandad debió regirse por unas reglas que ya no se conservaban en 1.800, ya que, al elaborar las mismas, se hacía mención a que se elaboraban unas nuevas “Por quanto la Regla antigua, q tenia esta hermandad de Nª Sª de las Mercedes, sea desaparecido, o consumido”.


En estos primeros tiempos la Hermandad se titulaba “Cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes”, y como tal aparece en las primeras actas.


En estos primeros tiempos, la Junta de Gobierno se reunían en pocas ocasiones, tratándose sobre todo en las mismas, de la elección de Hermano Mayor, o de temas relacionados con el ermitaño y el estado de la ermita. Todas las reuniones se celebraban en la sacristía de la Parroquia de Santiago Apóstol contando con la presencia del Presbítero.


Hasta ahora se había tenido como cierta la fecha de 1.671 como el primer testimonio documental de la fecha de la corporación, y así se había venido reflejando en todas las crónicas, artículos y demás referencias a la historia de la Hermandad. No obstante, la aparición de un importante documento en el Archivo Diocesano de Huelva, hace que sea obligada la revisión del tema.


Su existencia nos viene a confirmar lo que ya asegurábamos en el capítulo primero, donde recogíamos la existencia de una primitiva ermita. El citado documento recoge como el Notario público de la Villa de Bollullos D. Francisco Fernández de Llano da fe de que en el año 1.659 se tomaron cuentas de los libros de la ermita por el Rvdo. Rodríguez Pimpillo, Juez de administración de las ermitas de la vicaría de Niebla. Posteriormente, se volvieron a tomar las cuentas en el año 1.664, ante Diego Benítez Cumbrera. Pero, lo realmente importante del documento, es que en el mismo se recoge que el citado anteriormente “ ... nombra p. hermº mayor a Diego Perez naranjo ...” Es decir, que ya en ese año la Hermandad existía como tal. Pero, más aún, el mismo documento lo vuelve a corroborar cuando, haciendo referencia a un tal Diego Ximénez, llega a decir de él “ ... no Consta quel Diego Ximenez sea hermano de dcha hermandad ni tenga nombratº de hermano mayor ... “. Esta evidencia nos lleva a pensar que,  como era práctica común en aquella época, y así lo atestigua la historia de numerosas hermandades de la Archidiócesis, una cosa era la fundación de la Hermandad y otra bien distinta, la aprobación de sus primeras reglas, pudiendo anteceder aquellas a estas en periodos bastante largos. Por lo cual llegamos a la conclusión de que hoy día, no se puede fechar el inicio de la andadura de esta Hermandad. Sí asegurar, como consta en el primer libro de actas que conserva esta hermandad, su erección canónica en el año de 1.671, quedando recogido esto en un acuerdo de 22 de Mayo de 1.672, ante el Licenciado Diego Benítez.


Tan grande era la devoción que los bollulleros experimentaban ya hacia la Imagen dulcísima de la Virgen de las Mercedes, que, a pesar de la corta vida de su hermandad, iba a ser receptora de un título tan honorífico como el de Patrona de la Villa. Corría el año 1.683 cuando la pertinaz sequía asolaba, una vez más, los campos de Bollullos y su comarca. La vida de sus habitantes, dedicados en pleno a labores agrícolas, dependía en gran parte del preciado elemento que desde hacía tiempo se resistía a aparecer. La desesperación de aquellos hombres, su amargura ante la ruina en que se veían postradas sus viñas y sembrados, el futuro de ellos y de sus hijos no admitía ya mayor espera. Ante tamaña desgracia, sólo podían sus corazones acudir a la pequeña “Virgencita”, que desde su colina cercana vigilaba atenta el acontecer de sus vidas. Ella, a quien con tanta alegría habían saludado cuando pasaban ante su pequeño santuario, camino de sus campos; Ella, hacia quien se volvían sus ojos cuando, al tañido de las campanas del Ángelus, enderezaban sus cuerpos cansados para rezar sudorosos entre los pámpanos; Ella habría de ser la que pusiera consuelo a sus aflicciones, la que cobijara una vez más a sus agobiados hijos bajo el manto de su protección divina. Ella, que llevaba en sus brazos al auténtico remedio de tanta calamidad, intercedió graciosamente ante el pequeño Infante, quién, como en las bodas de Caná, no pudo negarse a los solícitos ruegos de Madre tan dulce. Salió la Señora a las resecas calles, se asomó a los sedientos campos, y, de inmediato, los ángeles trajeron en su raudo vuelo las nubes preñadas de vivificante agua. No en vano, la celestial Señora les había dicho: “haced lo que El os diga”. Al solo gesto de la manita del Divino Niño, descargaron sobre la polvorienta campiña el refrescante remedio. Llovió incesantemente sobre el pueblo, y las cosechas quedaron salvadas. Había que agradecer a la Madre la presteza de su remedio. Por ello, el 18 de Agosto de 1.683, el Consejo de la Villa acuerda hacer patrona del vecindario a la Milagrosísima Imagen de María Santísima de las Mercedes, jurando así mismo, hacerle perpetuamente su fiesta en el día del Dulce Nombre de María. Además, se comprometía a asistir a esta fiesta desde las vísperas hasta el fin de la procesión, así como costear de los fondos municipales los gastos que conllevara la misma.


El Consejo de la Villa cumplió su promesa a la Virgen durante muchos años, aunque se sabe que posteriormente dejaría de llevarse a cabo por falta de disposición de fondos. La costumbre no se recuperaría hasta el año de 1.759.


Prueba del aumento de la devoción, eran las donaciones que se sucedían a la Virgen, como la que haría el 21 de Abril de 1.691 Alonso Naranjo Pichardo, de 400 ducados,  para que se le dijeran misas ante Ella todas las fiestas y domingos.

Con el fin del siglo XVII y el principiar de la nueva centuria, habrían de acontecer sucesos importantes en nuestra Nación. Tras la sangrienta Guerra de Sucesión, se pone fin a la antaño gloriosa dinastía de los Austrias, produciéndose el advenimiento al trono de los Borbones, casa real procedente de la vecina Francia. Trajeron éstos a España nuevos aires de gobierno y, a imitación de sus vecinos parientes, se llevaron a cabo importantes reformas administrativas y económicas. Ciñéndonos a las primeras, es de destacar el férreo control que ocasionó la centralización administrativa que se estaba llevando a cabo. Nada escapaba a este control que ejercían con eficiencia los Consejos Reales, ni siquiera las corporaciones de tipo religioso, entre ellas las hermandades. Durante el siglo XVIII se sucederían los Ordenamientos, las Cédulas Reales y la imposición de normativas destinadas a las cofradías y hermandades, que marcaron obligadamente el acontecer de su historia.

Tampoco la Hermandad de nuestra Patrona se vio libre de semejante control y, aunque por desgracia no se conservan todos los documentos oficiales,  los existentes testifican lo recogido anteriormente.


Por estas fechas y hasta mitad de siglo, aproximadamente, en un pueblo que rondaba ya los 1.670 habitantes, la hermandad era una corporación bastante limitada en sus recursos económicos. Su principal fuente de ingresos salía de la limosna de sus hermanos, pero, sobre todo, de algunas pequeñas propiedades en tierras que se alquilaban a cambio de una cantidad de dinero o especie, previamente acordada “ ... por quanto las quatro fanegas de tierra que tiene esta cofradía, las tres, en frente de la Hermita, que tiene por linderos tierras de la Santa Misericordia desta villa y uiña de Pedro ximenes, vecino de hinojos; y la otra fanega, al sitio de la ramada del viñadero, y callejón que ba a dicha hermita, y tierras de dicha cofradía ... y porque la dicha cofradía no pierda la Renta de las dichas tierras y ... paresió ... Joseph camacho, y pidió se le diesen en arrendamiento vitalisio por espasio de tres vidas, Pagando en cada un año treinta Reales de Renta ...“. De tal forma, las partidas principales en los gastos anuales, como podía ser la cera, corría a cargo del propio hermano mayor, quien de su propio peculio pagaba las cuentas y los débitos existentes. Este parece que era un compromiso que adquiría al tomar posesión de su cargo.


Los acontecimientos que suceden nos hablan de una vida tranquila, incluso rutinaria en este tranquilo discurrir se veía alterado de cuando en cuando por algún suceso como el acontecido en 1.715, donde en un cabildo celebrado en 15 de Diciembre, la Hermandad expresa su queja porque el Presbítero de la Villa pretende tomar las cuentas de la ermita, asunto que correspondía a los visitadores del Arzobispado y, lo que era más grave, pretendía tener potestad para quitar y nombrar hermano mayor. Ante tal pretensión, la corporación recurría a sus estatutos y apelaba a su carácter de asociación de laicos, dirigida e integrada por laicos, y donde dicho cargo salía de la votación celebrada en el Cabildo de hermanos.


En los años sucesivos, hasta mediar la centuria, los asuntos de más relevancia correspondían, mayormente, al capítulo de obras y reparaciones en la ermita. Esto ocurre en 1.724, 1.726 , 1.742 y 1.751. A pesar de ello, no dejaron de producirse las visitas de los provisores del Arzobispado, quienes, no lo olvidemos, no se limitaban únicamente a tomar las cuentas de las hermandades, sino que, además, informaban sobre el estado y la decencia de los templos donde estas radicaban, así como de los objetos de culto. Y así se desprende, por ejemplo, de un acuerdo de 22 de Abril de 1.725, en el que se decide deshacer una lámpara grande de plata que se encontraba en mal estado, a instancias del visitador general.


Conforme el siglo se iba acercando a su ecuador, se puede apreciar que la situación económica de la hermandad está en franca mejoría, pues se nos habla en las actas de unos depósitos de dinero prestos para ser utilizados en las obras de reparación de la ermita, liberando al Hermano Mayor de la obligación de afrontarlos como venía sucediendo hasta ahora. Esa bonanza económica se vería acrecentada con la incorporación a su Junta de Gobierno de personas de gran relevancia social y económica en el pueblo, como es el caso de Don Juan Francisco Dávila Morón, Abogado de los Reales Consejos, Gobernador de las Villas de Villaba del Alcor y Palos de la Frontera y Alférez Mayor de Bollullos. Fue ésta una personalidad muy destacada en la historia de la villa. A sus cargos políticos añadía una honda religiosidad, como lo manifestaba no sólo su aludida pertenencia a esta cofradía, sino el ser hermano de las restantes hermandades del pueblo. A todas ellas, en el momento de su muerte lega en su testamento una limosna . Se experimentó también un resurgir en la devoción a Nuestra Señora, que aumentó notablemente, y al traducirse esto en un incremento de limosnas tanto en especies como en metálico, trajo como consecuencia que se llevaran a cabo importantes adquisiciones para el patrimonio de la Cofradía. Así pues, en 22 de Mayo de 1.757, dos años después de que el terremoto de Lisboa hubiera dejado en estado ruinoso la Parroquia de Santiago y, puede que también, la Ermita de la Virgen se comienzan las que, al parecer, fueron las obras que darían a la ermita su aspecto definitivo hasta 1.927,  emprenderían la construcción de unas nuevas andas en plata de ley, con tumbilla y faldones bordados en oro, así como realizar nuevos vestidos para la Señora. Se acometería también la restauración de la Imagen titular, a la que el tiempo pasaba ya su factura, haciéndose dicha restauración en la ciudad de Sevilla, y encargándose también la construcción de un rostrillo de plata sobredorada y piedras, así como limpiar las ráfagas de plata. De este cometido se encargó el citado D. Juan Francisco Dávila Morón, que sería quien adelantara el dinero, recibiendo el compromiso de la corporación de que dicha cantidad le sería reintegrada cuando lo permitiese el efectivo de la Hermandad. De su mano vendría, así como de su investigación en los antiguos archivos de la hermandad, que como hombre de gran cultura gustaba de llevar a cabo, el que se hallara el pasado acuerdo, que se encontraba perdido, por el que el Ayuntamiento se obligaba a participar en la fiesta de la Señora en recurso de su patronazgo, costeando con su ayuda gran parte de la misma. Así se recoge en Cabildo de 17 de junio de 1.759; lo reproducimos íntegramente, pues creemos que la importancia que tiene el acuerdo es enorme, no sólo porque en él el Consejo de la Villa se compromete en gran medida con la Hermandad, sino porque en este acuerdo se encuentra una relación pormenorizada de todas las personas que intervenían en la función de la Virgen y que nos hablan de la gran solemnidad con que ésta se celebraba. “Copia del Acuerdo de Cabildo y Diligencias: En la Villa de Bollullos par del Condado, en domingo diez y siete días del mes de Junio del corriente Año de Mill setecientos sincuenta y nueve, El Consejo, Justicia y Regimiento de esta población, es a saver, los Señores Joseph Carrasco Roldán y Pedro Moreno Alcaldes Ordinarios;  D. Juan Ruiz Leal Alguasil Mayor y Juez de Herdades y conservador privativo de las Dehesas de Montañina y Remuñana, que en este término tiene proprias el excelentísimo Señor Duque de medina Sidonia, mi señor, que lo es de esta Villa; el Lizenciado Don Juan Francisco Dáuila Morón, Abogado de los Reales Consejos, Gobernador de las Villas de Villalba del Alcor y Palos de la Frontera y Alférez Mayor de ésta; Don Joseph Tholesán, Alcalde de las Rentas que en ella goza dicho excelentísimo mi señor; Don Francisco Domínguez Lozano, Padre General de Menores y defensor de Ausentes de esta Villa; Sebastián Rodríguez Cano, Sargento Mayor; Don Nicolás de Bargas Machuca, Pedro Valdayo, Juan Lagares fernándes y Joseph García Tholezán , Regidores; y Don Juan Ximénez Básques, Síndico procurador general de este Cauildo, común Vesindario, todos capitulares de él, y los que componen este consejo, estando juntos, como acostumbran, en la Oficina ante el Pósito de esta dicha Villa, a causa de no hauerse acabado de concluir las casas de su Ayuntamiento, para conferir y tratar las cosas tocantes a su obligación y buen govierno de esta República, acordaron lo siguiente: _______________________________

En este Cauildo se manifestó por el citado Señor Don Juan Francisco Dáuila Morón, Alferez Mayor, un acuerdo celebrado por este consejo en dies y ocho de Agosto del Año pasado Mill seiscientos ochenta y tres, en que Votó por su  Patrona y de este Vecindario a la Milagrosísima imagen [de] Mría Santísima de las Mercedes, cita en su Hermita extra muros de esta dicha Villa, y juró Hazerle su fiesta perpetuamente el dia del dulcísimo Nombre de María de cada año, a costa de sus Proprios y de asistir a ella desde las primeras Vísperas hasta concluida la Proseción, y que assí constaba hauerlo practicado en algunos años, hasta que, o por decadensia de dichos Proprios, o por otro Motivo,  dexó de cumplir el citado Voto, cayendo en tanto olvido que de todos era ignorado; hasta este año que se hauia encontrado el citado acuerdo; y propuso a sus Mercedes que mediante a que por interseción de la Señora hauía sido Dios seruido de que se declararan por Proprios de esta Villa la Bellota de su Deheza Boyal, la de la Mata de San Juan y de Parrales, y diferentes tierras, por executoria de los Señores del Real y Supremo Consejo de Castilla, expedida en la Villa y Corte de Madrid a sinco de Octubre del año de Mill setecientos sinquenta y vno en cuyo conosimiento este consejo hizo en el mismo Año vna suntuosa fiesta y Proseción a su Magestad en Acsión de Gracias, tenía ya fondos bastantes para cumplir su promesa a la Señora, a que era tan acreedora, assí por este particular favor como por los muchos y continuados que en todos tiempos ha experimentado este Vecindario del todo Poderoso por su intersesión, en las mayores fatigas y nececidades públicas.== Y, entendido por sus Mercedes lo referido, y hauiendo sobre ello tenido la conferencia correspondiente, y deseando cumplir en el todo su obligación, acordaron de conformidad, reiterar y renobar públicamente el citado Voto y Juramento de sus predesesores en el día del Dulcísimo Nombre de María, nuebe de Septiembre de este Año, a el ofertorio de la misa en que se celebrare la festiuidad de dicha Sagrada Imagen, por medio de dos Diputados que se nombrarán para este fín, y lo harán en manos del prete y sobre el Libro de los sagrados Ebangelios; y señalaban y señalaron para el costo de dicha festividad en el dicho día Annualmente setecientos reales Vellón, que se paguen puntualmente de los Proprios de este Consejo a el Hermano Mayor que es o fuere de la Hermandad de dicha Sagrada Imagen, para que los gaste en dicha festividad, con intervención del Diputado que Nombrare cada año este Consejo, en la forma siguiente: == Setenta reales en los derechos de la Parroquia, que se acostumbran pagar de primeras y segundas Vísperas, Misa y Procesión, en esta manera: treinta y seis a los Señores Beneficiados, con la aplicasión de la Misa por la felicidad y acierto de este Consejo en sus operaciones, dirigidas a mayor gloria de Dios y de su Madre Santísima y beneficio común de este Vesindario; seis a los Diáconos, doze a el Sachristán Mayor, diez a el menor, con cargo de quitar y poner el altar; quatro a el Organista, y los dos restantes a los Mozos de Coro.= Sesenta reales en los Capellanes, dando seis a cada uno. == cien reales a el Predicador.== Setenta y sinco reales en la Música que venga de fuera.==Ciento veinte y sinco en sinquenta o más velas de a quarta para la cera de manos de los Capellanes, Beneficiados y Ministros, Capitulares de este Consejo y del Altar.==Ciento y veinte para el costo de la danza de Muchachos con su tamboril.== y los ciento y sinquenta restantes en fuegos para la Víspera en la Noche y Misa, salida y entrada de la Virgen y Proseción; y que la cera sobrante se quede a beneficio de la Hermandad, con cargo de llevar y traer a el Predicador, la Danza Música y fuegos y de dar de comer a los dichos; cuya funsión ha de regentear el diputado que para ello fuere nombrado por este Cauildo, con el Hermano Mayor de dicha hermandad; y este Consejo ha de convidar a Predicador, nombrando a el que por mayor parte de votos se eligiere para este fin, en  el mes de Junio de cada año; y el dicho Hermano Mayor ha de tener obligasión de entregar a el Diputado los Resivos de todos los dichos gastos para la justificación y abono de ellos en la Quenta de Proprios, dándole también a el pié de la Libranza de percivo por Mayor de dichos setecientos reales la qual se le entregará a principios del mes de Agosto de cada Año, para que tenga tiempo de prevenir la cera, fuegos y demás cosas; en la que se haga relación de este Acuerdo. Y acordaron que de aquí en adelante se renuebe esta obligación, voto y Juramento ante el Acuerdo General de buen Gobierno que se haze annualmente en la entrada de Nuebas Justicias; y que se saque copia de este acuerdo y que se manifieste a dichos Señores Beneficiados que son de presente, y a la Hermandad de Nuestra Soberana Señora por medio de dicho Señor Alferes Mayor, para que anuencia y conformidad, a fin de que en lo venidero no se ofrescan desasones ni aiga novedad en lo que este acuerdo se establese, cuyas conformidades, puestas y firmadas a continuasión de dicha copia, se protocole en este libro Capitular, para que siempre conste, y el haver tomado razón de ello en los libros de dicha Hermandad con la bastante expresión.==

Y en la manera que va relacionado lo acordaron y determinaron sus Mercedes de conformidad y lo firmaron como acostumbran. Doi fee.==Joseph Carrasco Roldán== Pedro Moreno == Juan Ruis Leal ==Don Juan francisco Dávila Morón == Don Joseph tholezán=francisco Domínguez Lozano== Sebastián Cano == Nicolás de Vargas Machuca == Pedro Valdallo==Juan Lagares == + señal de Joseph García tholezán = Juan Ximénez Básques == Ante mí, por ausiensia del escribano del cabildo, Miguel García, Notario, Su oficial Mayor.

Corresponde literalmente con el acuerdo original que por ahora queda en mi poder, en el libro corriente de ellos, a que me remito. Y para que assí conste donde y ante quién convenga, en cumplimiento de lo que en el copiado acuerdo se manda, y para ebaquar lo que previene, saco la presente, que signo, firmo y noto conmo acostumbro, en esta Villa de Bollullos Par del Condado, a veinte y vn días del Mes de Junio del corriente año de Mill setesientos sinquenta y nueve == En testimonio de Verdad ==

Miguel García, Notario

Diligencia

Los beneficiados de la Iglesia Parroquial del Señor Santiago de esta Villa por nos y a nombre de nuestros sucesores y de los Capellanes y Ministros que son y fueren de ella, nos conformamos con el señalamiento de derechos Parroquiales de la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes que tiene Votada Annualmente el Cauildo Secular de esta Villa, según se relasiona en el Acuerdo que esta copia incluye, y les damos las gracias por su christiano Zelo y aplicasion a el culto de la Señora. Y para que conste lo firmamos. Bollullos y Junio veinte y tres de Mill setecientos sinquenta y nueve==Don Manuel Gomes de Villa==Don Juan francisco Pichardo==

Concuerda con la copia del Acuerdo del Cauildo Secular y diligencia a su continuasion puesta, que se ha exivido por el Señor Don Juan francisco Davila Moron, Alferez Mayor de el, ante la Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes y por ante mi su escribano. Y para que assi conste donde convenga y de mandado de dicha Hermandad, doi la presente que firmo. Bollullos y Julio primero de Mil setecientos sinquenta y nueve==

Juan Ximenez Bazquez Escribano de la Cofradia.”[ii]


Hay un Cabildo, en 19 de Junio de 1.763, que no resulta menos importante ya que en él se propone nombrar a una persona para el cargo de mayordomo, entre cuyas competencias estaba las de percibir y cobrar las limosnas de trigo que eran ofrecidas por los devotos cuando la Virgen se traía o llevaba, así como otro tipo de limosna o tributo a pagar a la cofradía, entregándose toda la memoria atrasada de débitos en trigo que tenían contraída los devotos con la hermandad. Con su cobro se pensaba enjugar la deuda que la corporación mantenía con D. Juan Francisco Dávila y Morón, a quién aún se le adeudaba el importe de las andas de plata y el vestido que se estaba haciendo para la Señora.


Hacia finales del siglo XVIII, y con la desaparición de personajes de la talla del antes citado,  encontramos a la hermandad en camino inexorable hacia un nuevo estado de postración. Del esplendor de antaño se estaba pasando a problemas auténticamente graves para afrontar pagos pendientes, como el que queda recogido en cabildo de 6 de Octubre de 1.793, donde el Hermano Mayor, José Matamoros, le debía al platero que hizo las ráfagas de plata de la Virgen, novecientos reales, y así consta en los recibos que presenta. No se circunscribe esta merma de facultades tan sólo al capítulo económico, sino que, por el contrario, alcanzó también al patrimonio inmueble de la hermandad, y así, de las numerosas tierras para el arriendo de que disponía anteriormente, se llegaría a una situación en la que sólo se poseería un pedazo de tierra con varios olivos junto a la ermita, destinado a alumbrar con su aceite la Bendita Imagen.


Como comentamos anteriormente, una de las cédulas que conserva esta hermandad es la que el Consejo de Castilla, en nombre de Su Majestad el Rey Carlos IV, envía a través del Regente de la Real Audiencia de Sevilla, D. Manuel de Soto, con la intención de que aportase fondos para contribuir a las necesidades de la Monarquía, embarcada por aquellos años en costosas guerras contra Inglaterra. En la Cédula se especificaba que la contribución podía hacerse en forma de donativo en moneda o alhajas de oro o plata, o bien en forma de préstamo patriótico sin interés reintegrable. La hermandad, tan pobre en estos momentos, le contestaría que carecía de los recursos necesarios para afrontar el culto a la Sagrada Imagen. Exponía que no poseía más tierras que el pequeño trozo antes citado y que, si podía celebrar los cultos debidos a su titular, era por el donativo que el Ayuntamiento de la Villa le tenía concedido y por las limosnas de los vecinos, en quienes no había decaído la devoción a la Señora. Esto no quitaba que algunos de los miembros de la junta, siempre a título personal, cumplieran con su deber de súbditos, aportando cantidades de dinero para contribuir con la petición Real.[iii]


Un nuevo siglo acababa de nacer. En él las convulsiones políticas y sociales agitarían la vida de España con invasiones, revoluciones, pronunciamientos militares, levantamientos cantonalistas, así como la elaboración de numerosas constituciones de diferente signo. La Iglesia en general, y las hermandades en particular, tampoco estarían ajenas a estas convulsiones y, mientras en unas ocasiones sufrirán el despojo de fuerzas invasoras o de tropeles revolucionarios, en otras su vida se verá afectada por la rapidez con que se estaban produciendo los cambios ideológicos y sociales que acabarían provocando en ellas periodos de franco decaimiento. Fueron varias las hermandades de nuestra Archidiócesis, y, como no de nuestra ciudad, que durante largos periodos de tiempo permanecían adormecidas o en franca extinción. Y no será hasta avanzada la segunda mitad de siglo, cuando empiecen a manifestarse los signos de auténtica recuperación y revitalización de nuestras corporaciones, para quienes fue un aliento importante la proclamación del Dogma Inmaculista de 1.854, y que con el final del siglo habían entrado ya en una fase creciente que, salvo pequeños paréntesis, no se ha interrumpido hasta nuestros días.


Ciñéndonos a lo acontecido en nuestro pueblo, será este un siglo donde, tras las primeras dificultades, se va a experimentar un auge considerable en la devoción a nuestra Patrona.  En ello jugarían un papel decisivo una serie de acontecimientos negativos para la población, como la invasión napoleónica, las epidemias y la sequía.

Como muestra de que la decadencia observada a finales del pasado siglo era tan sólo de carácter económico, y que no había afectado al sentimiento devocional hacia la que era titular de la corporación, está el hecho de que en 1.801 le son concedidas por S. Santidad el Papa Pio VII una reliquia de la Santa Mártir Santa Colomba, así como una Indulgencia plenaria aplicable la festividad del Dulce Nombre de María. Ello nos está hablando, pues, de que la Hermandad se encontraba en plena vigencia espiritual y cultual.


Siete años después, con el pretexto de invadir Portugal, y con el Rey de España y su heredero prisioneros en Bayona, las tropas napoleónicas, se apoderan de la Nación en su práctica totalidad. Las tierras del antiguo reino de Sevilla, a las que pertenecía nuestro pueblo, fueron rápidamente ocupadas y el francés impuso su ley, acompañada a menudo de saqueos, expolios y destrucción.


En nuestro pueblo, esta dominación no se tradujo en pérdidas irreparables, bien de vidas humanas o de patrimonio artístico, como había sucedido en otros lugares, aunque nuestros antepasados, a buen seguro, vivirían atemorizados ante el riesgo permanente de tales vicisitudes. Sabemos que, por la inseguridad derivada de toda esta situación, la devota Imagen de Nuestra Señora  permaneció todos estos años en la Parroquia de Santiago. No cabe duda que los miembros de la Hermandad, con buen criterio, no se habrían atrevido a dejarla en la ermita, donde era más propensa a ser objeto de algún sacrílego atentado. En esta época de temeroso cautiverio, volvieron de nuevo a dirigirse implorantes en sus súplicas los ojos de nuestros antepasados al sonriente rostro de la Bendita Madre. Pidiéronla los auxiliase en tan peligroso trance, al pueblo suyo y a la Nación toda, e hiciese retroceder la furiosa marea de sus ejércitos como Moisés hizo retroceder las aguas del Mar Rojo. “ Y levantose la Señora ... y vino en nuestra ayuda ... y libronos del enemigo ... y conteniendo todopoderosa las furias francesas, extinguió de pronto sus teas, y embotó en un punto sus aceros, y cerró a sus pies el camino para que no hiciesen presa en los hijos de su amor. Experimentó Bollullos visiblemente el patrocinio de la Señora, pues tales enemigos no causaron daño alguno a su vecindario.”


En 1.812, aun cuando las tropas francesas, ya en franca retirada, no se hallaban presentes en el pueblo, se decidió que la Señora no fuese llevada a su ermita, permaneciendo un año más en la Parroquia. Para contribuir con los gastos que originaba dicha estancia, D. Manuel A. Ayala dio limosna que sufragaran sus cultos.


Dos consecuencias inmediatas tuvo la intercesión de nuestra Señora, pues el agradecimiento de sus hijos, se materializó en el valioso regalo de un cetro de plata con palma de oro, costeado por el pueblo y que costó 1.200 ducados y también en regalo que Dña. Dominga Santiago, Monja Profesa de Coro y Velo que residía en nuestro pueblo, en el que se había refugiado junto con otras religiosas huyendo de los franceses, hizo de una túnica de glasé.


Una vez libre el pueblo del yugo invasor, siguieron las calamidades cebándose sobre sus gentes. Sus frágiles economías, dependientes todas del producto de sus cosechas, eran sacudidas una y otra vez por la flameante sequía, 1.813 y 1.817, o por el voraz pulgón, 1.820. Sabedores ellos de encontrar el último recurso en la amorosa mirada de su Señora, volvieron a implorar su colaboración divina para remediar sus desgracias. En ese corto lapso de tiempo, nuestra Excelsa Patrona sería sacada en devotas rogativas; su paso era adornado con flores silvestres, pues consta que se gastaron cuatro reales en tomillo para adornar las andas, y como Madre generosa, acababa siempre concediendo a sus hijos la gracia de sus Mercedes.

Y encontramos a la Hermandad renovando constantemente su ajuar procesional y el de la Señora. Así, en 1.814 se comienza la realización del simpecado nuevo, empezando por la estampa del mismo. En 1.816 se hicieron la vara y la cruz, cuyo importe ascendió a 2.664 reales. En 1.817 se gastaron 6.862 reales en los materiales necesarios para bordar el cordón y el Simpecado. Su autora, la monja profesa de Coro y Velo Negro del Convento de las Dominicas de Almonte, Sor Mariana del Rocío, donó el trabajo y la hechura, que fueron valorados en cuatro mil reales. Donan casullas y otros objetos litúrgicos. Y, para costear las nuevas andas, se venden las de plata, así como la repisa vieja de la misma en 2.200 reales, y otros objetos que no tenían utilidad.


No se conservan testimonios de sucesos realmente importantes o graves durante la década de los veinte y primeros años de los treinta, si exceptuamos las sequías que venían siendo un mal endémico durante todo este periodo. Sí se sabe, por el contrario, que, en una primera amenaza seria de epidemia de cólera, la Virgen fue traída al pueblo el 18 de Agosto de 1.833, y no volvió a su ermita hasta 1.838, si bien el peligro más inminente se centró en los dos primeros años de esa prolongada estancia.


En 1.839 se dispuso por varios devotos comprar un vestido  a Nuestra Patrona María Santísima de las Mercedes, en acción de gracias y memoria por haber librado a este su pueblo del contagio que padeció en los años 1.833 y 1.834, llamado cólera morbo, como queda anotado; para ello  se hizo una suscripción en el pueblo y varias rifas con las licencias necesarias. Fue bordado por Dª Francisca de Zuloaga y su coste ascendió a 7.760 reales.


Parece indudable que, en los últimos años de la década de los treinta, la hermandad debió sufrir una crisis, pues en cabildo de 19 de Julio de 1.840, se reunieron una serie de personas que se comprometían a levantar la hermandad y a animar “la amortiguada devoción”. Para ello tomarán una serie de medidas, relativas a la periodicidad de sus reuniones y al establecimiento de nuevas cuotas para los hermanos.


Surge en 1.841 la primera iniciativa encaminada a solucionar el problema devocional anteriormente expuesto, como es el establecimiento de unos cultos a la Señora durante todo el mes de mayo, conocidos como “Cultos de mes de María”. Para ello, la Virgen era traída desde su ermita a finales del mes de Abril y durante todo el mes siguiente se desarrollaban en la parroquia los mismos, siendo sufragados con limosnas de los devotos. En el mes de Junio era trasladada nuevamente a su Ermita. Este culto se perpetuaría durante más de un siglo, ya que se vino celebrando hasta hace cuarenta años, siendo su particularidad más peculiar el que para ellos, se transformaba el altar mayor en hermoso tapiz de flores.


En 1.842 tiene lugar un acontecimiento extraño en la historia de esta corporación, ya que según consta en documentos del Obispado de Huelva, la Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes, al igual que otras de la localidad fueron suprimidas, años antes, por orden del Gobierno y en todas ellas se designaba, por parte del Arzobispado, a una persona que se haría cargo de las Imágenes, así como de sus ajuares y enseres. Desconocemos el motivo de esta obligatoria y múltiple extinción, pues en ninguno de los casos aparece tal explicación. Sólo podemos constatar que en el caso de esta hermandad, la persona elegida para tal fin sería D. Rafael Ramos, muy vinculado a la Junta de Gobierno, y que posteriormente ostentaría el cargo de Hermano Mayor.


En 1.844, careciendo la Señora de un manto que estuviera en consonancia con la saya de gran calidad que utilizaba para su salida, hay una iniciativa de un grupo de devotos, que mediante las limosnas recogidas pidiendo por el pueblo, acompañados de la organización de varios actos que ayudase en tal cometido, adquirieron y costearon la hechura del manto de escarcha blanca bordado en oro, primero de los dos que hoy utiliza en su salida procesional el día de su fiesta principal. Esta primorosa joya del bordado decimonónico se debe a las manos de la maestra bordadora Dª Francisca Marcos, quién cobró por tan espléndido trabajo la cantidad de trece mil cuatrocientos sesenta reales. Igualmente, la saya a la que se hace referencia es la adquirida en 1.839 y que hoy luce en el mismo día. La razón que impulsó a estos nobles devotos a realizar tan piadoso acto, fue la necesidad que albergaban sus corazones de demostrar el agradecimiento sincero por tantas mercedes concedidas, a la vez que una hermosa manera de saldar tan amorosa deuda. Era la reacción natural de los hijos que se aprestan a corresponder a su Madre, aunque Ésta no quiere otro pago que el de su amor correspondido.


El siglo de la agitación política y social, del romanticismo y la revolución industrial, acababa de sobrepasar el ecuador de sus años; corría el año de gracia de 1.855 cuando, una vez más, la guadaña de la muerte, afilada siempre entre las manos terribles de la parca, estaba presta a golpear de nuevo sobre las tierras castigadas de la baja Andalucía. Los primeros amagos que, veinte años atrás habían sembrado el pavor y la inquietud entre las gentes, se hicieron ahora tétrica realidad cuando, volvía a aparecer sobre los campos y las comarcas la negra sombra de esa enfermedad, a cuyo nombre temblaban los corazones y se encomendaban las almas: el cólera morbo. De ella, el Padre Mariano hizo bellísima recreación literaria, publicada en su Panegírico: “ La atmósfera parece más pesada: viento frío, como de muerte, sopla por todas partes: a desbandada huyen la gente a los campos...

Cercano cada vez más óyese el lúgubre sonido: parece el doblar de las campanas que, traído por ráfagas malsanas de aire inficionado, viene a anunciarnos los estragos con que terrible epidemia diezma los pueblos todos vecinos al nuestro.

Fosas inmensas, abiertas por el sepulturero, tragan a diario víctimas sin cuento. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, pobres y ricos van cayendo víctimas de calabrés agudísimos y vómitos incontenibles... Ni aún entierros se les hace: ni al ataúd siquiera van a parar sus cadáveres... En desvencijado carro que, al son de fatídica esquila, se desliza, cual ave de mal agüero, por las calles, vanse afinando restos humanos. Y es en Almonte y en Rociana, en Villarrrasa y en Bonares, en Manzanilla y en Villalba, donde montones informes de apestados del cólera caen sin cesar del carro fúnebre en el hoyo del sepulcro ...


Desde el abrigo que ofrecía la enhiesta silueta de la torre barroca, la veleta del Santo Apóstol a caballo, alertaba a sus protegidos: la negra sombra de la muerte se acercaba, cada vez más, a la tranquila villa. Las noticias, traídas en veloz carrera por negros jinetes, sembraban el miedo entre los asustados vecinos. Un día era Manzanilla la que caía bajo las mortíferas redes; al otro Villalba y La Palma; Rociana era ya presa de la cruel enfermedad, así como Almonte. Desde La Palma, comenzaron a llegar sus vecinos huyendo de tan letal plaga, pero al estar cerrados los caminos por orden de la Junta de Sanidad, hubieron de permanecer todos en la dehesa. Hasta que un nefasto día, ante el estupor de todos y la inevitable fatalidad, segó la cruel encapuchada la primera vida en nuestro pueblo. Sería el alma inocente de un niño de cuatro años la primera que arrebatara la pérfida enlutada. A él seguirían su madre y su abuela, y cuando los presagios más funestos parecían realizarse, dadas las condiciones higiénicas de muchas casas y la pobreza de muchos de los habitantes, volviéronse de nuevo los tristes ojos hasta Aquella, la Madre, la única capaz de derrotar a enemigo tan poderoso. Era, de nuevo, la voz del hijo necesitado suplicando protección y amparo. Era la fe ante la desesperación, era el amor ante el miedo, y era, ante la muerte segura por la voraz epidemia, la vida en las manos amorosas de la Celestial Señora. Y otra vez más, como siempre, su sonrisa trajo la tranquilidad y el alivio a los bollulleros. Mientras en los pueblos cercanos la enfermedad seguía cobrándose gran número de víctimas sin compasión, llegándose a las treinta tres diarias en La Palma, y parecido número en otros pueblos, en Bollullos sólo se llegaría a cobrar los tres anteriormente indicados. Era nuestro pueblo, en aquellas semanas que duró el contagio, un hervidero de fe y devoción. Se sucedieron las novenas en honor a la Señora, se multiplicaban las plegarias ante su paso, y, en espacio tan corto de tiempo, las salidas a la calle de la Bendita Madre para ir al encuentro de sus afligidos hijos, se prodigaron, resultando emotivos exponentes de la devoción de un pueblo a su patrona que no conocía límites.


Mediado el mes de Agosto, el pueblo había quedado libre de tan terrible amenaza. Llegaba la hora del agradecimiento, y así supieron hacerlo los miembros de la Hermandad, pues en acuerdo de cabildo de 19 del mismo mes, en unión con el Clero, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad, hicieron solemne voto de celebrar perpetuamente una función solemne en el día de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, como acción de gracias por su divina intercesión, haciéndose eco también del Dogma que el año anterior acababa de proclamar el Santo Padre, Pío IX, sobre la Concepción Inmaculada de la Virgen, y que tanto júbilo y alborozo despertó en toda nuestra bendita tierra.


Componían el clero parroquial que participó en dicha función hasta diez sacerdotes, que eran: D. Mariano M. Ayala, D. Andrés Moya, D. Antonio Almendáriz, D. Antonio Benjumea, D. Antonio Delgado, D. Diego Camacho, D. Diego Valdayo, D. Francico Clavijo, D. Francisco P. Camacho y D. José Cano. Por parte del Cabildo de la Villa figuraban el Alcalde D. Antonio Carrellán y los siguientes capitulares: D. Antonio Delgado, D. Antonio González, D. Francisco Penillos, D. Ildefonso Villarán, D. Jerónimo Saucí, D. José Camacho, D. Francisco Pichardo y D. Manuel Jiménez. Por parte de la Junta de Sanidad comparecían los siguientes miembros: D. Antonio Domínguez, D. Francisco Cadaval, D. Francisco Solís, D. Joaquín Delgado, D. José Cadaval, D. Juan Clemente, D. Miguel Ayala, D. Pedro Chaves y D. Rafael Ramos.


Según se recoge en el libro de cuentas, “ ... Para celebrar la función en acción de gracias por la Definición Dogmática de la Inmaculada Concepción de María se determinó comprar a la Señora un vestido nuevo de Purísima. La túnica o saya la costeó Dª Concepción Borrajo y el manto de raso celeste con una punta ancha de oro fino.”


Diez años más tarde, cuando todo parecía quedar felizmente superado, volvió, aunque con menos intensidad, la maligna epidemia. Como se recoge en el Libro de Cuentas, “ Con motivo de hallarse invadidas del Cólera morbo por el mes de Sepbre varias ciudades y poblaciones de España y principalmente Sevilla y Triana, donde causó muchos extragos, y en algunas poblaciones inmediatas ... “,la alarma cundió de nuevo, por lo que la Imagen de Nuestra Señora no fue trasladada la ermita después de los cultos de su día.  Esta vez la incidencia en la población fue mínima, no constando que hubiese víctimas mortales entre los contagiados. A pesar de ello no se dudó en tomar las medidas oportunas para frenar su avance, ayudado, sin duda, por la experiencia que le proporcionó el trágico precedente de 1.855. Cabe destacar entre las medidas tomadas, el hecho  de que se acordase habilitar la propia ermita como hospital, debido a que su aislamiento del pueblo la convertía en lugar apropiado para impedir que se propagase la enfermedad  El pueblo había visto en ello una nueva y palpable demostración de la intercesión graciosa de su Patrona y del celo con que Ésta protegía bajo su manto a su amoroso redil. Quiso de nuevo manifestarse el sentimiento de sincera gratitud en otro presente para la Reina del Cielo. Tras nuevas recogidas de limosnas, se confeccionó un hermoso manto de terciopelo grosella bordado en oro, que costó 15.100 reales, sin contar el material utilizado. Es éste el segundo manto de salida que posee hoy la Hermandad, y que alterna en su uso con el recogido anteriormente.


Pasados unos años, la Hermandad vuelve a entrar en una fase de cierta normalidad. En el marco de un pueblo que va creciendo poco a poco, ganándose un lugar preponderante en el ámbito de su comarca, la Corporación no parece tener mayores preocupaciones que las que aparece en un cabildo de 1.871, en donde acuerdan crear una comisión que se encargaría de elaborar nuevos estatutos, consignando en ellos las cuotas y obligaciones de los Diputados y hermanos. Se expresa en los mismos, que el fin que se persigue es el de fomentar el culto a su titular. Pero este acta es también importante, pues con él se cierran las que existen en la hermandad correspondientes a ese siglo.  Hasta la época del mandato de D. Manuel Ayala, ya iniciado nuestro siglo, no se redactarán más actas, salvo que las mismas se hubieran perdido en ese periodo. Cuando se redactó este último testimonio de la vida de la hermandad en el siglo pasado, figuraba como hermano mayor de la misma D. Mariano Ayala y Penillos. Suponemos que la historia de la corporación discurriría sin más sobresaltos dignos de mención por los últimos años de la centuria y los primeros de las presentes, dado que los únicos documentos que posee la Hermandad de esta fecha son correspondencia sobre asuntos calificados como rutinarios: nombramiento de predicadores, fuegos de artificio para la fiesta principal, etc. Debe tenerse en cuenta que esta aparente normalidad se cimentaba en un hecho incuestionable: desde hacía casi un siglo, la dirección de la Hermandad estaba en manos de una familia, los Ayala, quienes desempeñaban su cargo a cuenta de su propio patrimonio personal, y cumpliendo todos los actos y obligaciones de la corporación sin que bajara el esplendor de los mismos. Ahora bien, es lógico pensar, por otra parte, que este patrocinio llevara acarreado ciertas reticencias, o una falta de aliciente por parte de otras personas, para formar parte de la Junta de Gobierno. Pensamos que este es el verdadero sentido que hay que darle a la palabra reorganización, que aparece en algunos documentos de la época. Es decir, no se puede abordar esa palabra pensando en una virtual extinción de la corporación, ya que ésta no se produce en ningún momento, como demuestran sus cultos y actividad durante todos los años. Dicha reorganización, pues, se debe referir a que las autoridades eclesiásticas sugerían una apertura de la Junta de Gobierno a nuevos miembros.


Pasada la Fiesta Principal de la Señora del año 1.918, aparece en esta villa la amenaza de una terrible enfermedad: la Grippe.  Los estragos que la misma podía causar en la población son grandes, debido a que, en esa época, aún la medicina no había alcanzado un remedio eficaz para luchar contra la plaga, ni las condiciones higiénicas de muchas viviendas del pueblo eran las más idóneas.  Debido a ese motivo,  el Sr. Cura D. José Domínguez Pavón organizó un rosario de penitencia y misa de rogativa a la Santísima Virgen para el día 31 de Octubre. A la procesión estaban invitadas oficialmente todas las hermandades, ya que el Párroco ruega encarecidamente al Hermano Mayor que asista acompañado de una comisión de cofrades con su estandarte o bandera. Dicho rosario daba comienzo en la Parroquia de Santiago para terminar en la propia Ermita, donde tendría lugar la citada misa de rogativa.


Grande debió ser la devoción y el sentimiento con que el pueblo imploró a su Patrona el remedio de tal enfermedad, pues ésta ya empezaba a cobrarse las primeras víctimas, siendo imposible determinar con seguridad el número final de las mismas, puesto que, al consultar los documentos  de la época, se llega a interpretaciones contradictorias. Lo único que sí podemos decir es que, gracias a la intercesión de la Señora, los efectos de la enfermedad sobre la población fueron mucho menores de lo que se temía. Ante esto, el Ayuntamiento, haciéndose eco del sentir popular, acuerda celebrar una función religiosa el día 30 de Diciembre, impetrando la protección de la Virgen para que conceda la gracia de terminar con la epidemia. Para tal función acuerdan solicitar al Padre Mariano Ayala Fernández que acuda a predicarla. Este es un primer acuerdo al que llega la Corporación, que no descarta en el documento realizar otra de acción de gracias una vez que la epidemia haya desparecido de la Nación, corriendo los gastos que ocasione la misma a cargo del propio Ayuntamiento. Éste, ante la benignidad con que había sido tratada la población por la epidemia, acuerda el 6 de febrero de 1.919 que “... este hecho debe atribuirse a un milagro como otros muchos que ha dispensado y dispensa Nuestra Señora de las Mercedes...”[iv] y, ante esto, le ofrecen una solemne función religiosa el día 23 de Febrero, señalando, en principio, que la misma debía celebrarse en la ermita, aunque luego por otros motivos se celebró en la Iglesia de Santiago, corriendo la predicación a cargo del sacerdote D. Mariano Ayala, elegido porque“...  con su elocuencia sabrá ensalzar las glorias y hechos de la Virgen ...”. El Ayuntamiento se hizo eco del sentir y fervor de los habitante de Bollullos  al costear dicha función, como así reza en el documento firmado por el Alcalde, D. Antonio Moyano.


Existen misivas enviadas a los vecinos, tanto por parte de la Institución municipal, como por parte de la Hermandad, en la que su Hermano Mayor, D. Manuel Ayala, anima a los bollulleros amantes de la Santísima Virgen a que acudan a la función y acompañen a la Señora hasta su ermita, comprometiéndose a abrir una suscripción popular para costear la “ Amplia restauración de la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes como tributo perenne de gratitud, que ofrecerá el pueblo de Bollullos del Condado a su Excelsa Patrona por su benéfica intervención en favor del mismo librándolo de los estragos de la epidemia gripal”.[v] En las mismas, se promete la renovación del camarín. La primera piedra del mismo la puso el Padre Mariano, que con su oratoria consiguió despertar los corazones dormidos de muchos devotos e involucrar a todo el pueblo en una tarea común, difícil e ilusionante, cual era la construcción del nuevo templo. En el capítulo siguiente, dedicado en exclusiva a la ermita, recogemos con mayor precisión todo lo concerniente a esta iniciativa, así como al proceso de construcción e inauguración de la ermita ocurrida en 10 de Julio de 1.927.


Pasados unos años, sobrevino una época de inestabilidad política, social y religiosa. Con el advenimiento de la Segunda República, los problemas en el plano religioso se agravarían, impidiéndose la salida del viático a la calle y dificultando las manifestaciones religiosas, tales como procesiones, rosarios, e impidiendo el toque de campanas, obligando a cubrir los azulejos de imágenes religiosas, de santos o vírgenes. Estos sucesos correspondieron, sobre todo, al primer año y a las etapas finales de la República, quedando el periodo intermedio como una fase algo más tranquila.


Ante estos acontecimientos, consta en un documento de la hermandad  la intención de celebrar función y procesión de acción de gracias y desagravio “ ... si para fin del presente año habeis dado solución firme al estado calamitoso de desorden y anarquía en que vivimos ...” haciendo referencia, igualmente a que la misma se celebraría para la Inmaculada Concepción, fecha en la que ellos esperaban que se hubiera calmado el ambiente.


No se calmó, ni mucho menos, ya que en la noche del 6 de septiembre se produciría un grave altercado, cuando el rosario discurría por la calle de las Mercedes. El cortejo sufrió la agresión de unos alborotadores llegando a adquirir el suceso tales tintes de importancia que sonaron algunos disparos y el simpecado hubo de ser escondido en una casa y sacado por la puerta posterior, enrollado en una tela sin el asta para que pudiera pasar desapercibido. [vi]


La procesión de la Señora, prevista para su fiesta, se llegó a posponer para otra fecha; así figura en un acta en poder de la hermandad que firma el Alcalde de entonces, D. Antonio Valdayo, el primer teniente de alcalde D. Miguel Merchante, el hermano mayor D. Manuel Ayala y el párroco D. Antonio López Virella. Mientras se producía esta reunión, fuerzas de la Guardia Civil llegaban al pueblo para reforzar la dotación existente. A las tres de la tarde, el comandante de puesto recibe una orden del Ministerio de Gobernación en la que se le obliga a garantizar la seguridad de la procesión.[vii] Lo que nos lleva a pensar que ese año no se celebró la procesión.


Ante la confusión reinante en estos años, era costumbre de algunas personas, interpretar los vivas a la Virgen y los cohetes, como una provocación de signo político. De ahí que el 9 de Septiembre de 1.933, sale una proclama de la hermandad, en la que se hace especial hincapié en intentar desvincular a la Señora de ningún tipo partidismo de carácter político: “ ... la Virgen de las Mercedes no es de ningún modo, banderín de enganche ni pendón de combate para lucha alguna entre nosotros, sino cabalmente lo contrario. Es patrona celosísima que con su comprensión a todos nos iguala ... Cuando pues de Ella, no se trata, cada bollullero tiene, sus ideales e intereses peculiares aún encontrados; en tratándose de Ella, todos los bollulleros han prescindido de esas diferencias, coincidiendo siempre unánimes en el punto de honrar a su Patrona... Evidentemente pues los vítores y demás medios de expresar el entusiasmo, como bengalas, cohetes, repiques, etc, dirigidos a celebrar la fiesta de la Virgen de las Mercedes, no hay derecho a tomarlos ni interpretarlos en ninguna otra significación, y menos aún molesta o agresiva ...”[viii]


La hermandad estaba obligada a pedir permiso a las autoridades para poder realizar actos públicos, como el rosario del día 11 o la procesión en su fiesta. Así, consta en dos oficios remitidos por el Ayuntamiento en fecha 10 de Septiembre de 1.933, e igual fecha en el año siguiente, dando autorización para que se celebren dichas procesiones.[ix]


Con la llegada de la fiesta de Septiembre de 1.935, el ambiente volvía a estar enrarecido y comenzaba a ser triste presagio de los acontecimientos que habrían de venir. Así, el 11 de Septiembre, el Alcalde envía un oficio a la hermandad donde autoriza a la Banda de Música para que dé el concierto en la galería del Ayuntamiento, así como salir por las calles, para que se coloquen arcos en la vía pública, y para que se pudieran disparar cohetes y fuegos de artificio. Pero de misma fecha remite otro al párroco, autorizando que se celebre la procesión y el rosario, pero haciéndole “ ... responsable de toda alteración de orden público que de los mismos pudieran derivarse ...”.


Habría de llegar el fatídico año de 1.936. En medio de un clima de claro enfrentamiento, iban a endurecerse las medidas en contra de los actos y símbolos religiosos. En el Archivo Diocesano de Huelva, se encuentra la carta remitida el 21 de Mayo por el párroco D. Antonio López Virella al Sr. Cardenal pidiendo instrucciones sobre dos oficios que ha recibido del Sr. Alcalde, uno prohibiendo el toque de campanas y otro conminando a que se retiraran los azulejos de la Virgen y santos existentes en todo el pueblo. Así las cosas, la Virgen se encontraba en la Parroquia presidiendo el Altar Mayor, ya que la ermita se encontraba en obras.


El 18 de Julio, se subleva el ejército de África y comenzó la guerra civil. Como todos los pueblos, o al menos aquellos donde no había un destacamento militar, el poder queda en manos de las fuerzas municipales, que a veces no eran capaces de frenar los impulsos de alborotadores y grupos violentos. El domingo 19 de Julio, tras apostar grupos armados con escopetas en las esquinas de los accesos a la Plaza de la Iglesia, un grupo de incontrolados saquea y prende fuego a la Iglesia. Las Imágenes y diversos enseres de la Parroquia y Capilla de la Misericordia, fueron amontonadas en una pira en el centro de la plaza e incendiadas posteriormente. Lo mismo ocurrió con la Capilla de Jesús, perdiéndose en estos sucesos gran cantidad de valiosas obras de arte y perdiendo Bollullos un trozo importante de su historia. Gigantescas y negras columnas de humo se elevaban desde la Iglesia, y gran parte del pueblo pensaba que su amorosa Patrona ardía también en aquel horrendo espectáculo.


Sin embargo, al estar sobre aviso el cura, se suspendió la misa de la mañana y Manuel García, el sacristán, sacó en un envoltorio a la Venerada Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, antes de que llegaran los incendiarios. A partir de aquí, se sucedieron acontecimientos emotivos donde quedaron de manifiesto el gran amor de muchas personas por su Virgen, que los hacía, incluso, llegar a poner su vida y la de sus familias en peligro. De ello es buena prueba el testimonio de Rosario, la hermana de José María Iglesias, actual tesorero de la hermandad y testigo directo de tan lamentables sucesos.


En un primer momento la Imagen fue ocultada en la casa de Adulfo Neble, donde permaneció tres días, en el transcurso de los cuales fue ocultada en distintos sitios, enterrada en el patio, en un pajar y en una barrica vieja llena de papeles que estaba en el doblado. De allí hubo de ser trasladada de nuevo debido a la inseguridad que provocaban los constantes registros. Esta casa era frecuente objeto de dichos registros puesto que algunos miembros de esa familia eran cazadores, y, por tanto, tenían armas de fuego.


De nuevo sería la sacristana, junto con su hija, la que se arriesgaría en tan peligroso empeño. En medio de esta situación tan tensa, decidieron ocultarla en casa de los Míguez, pero, de acuerdo con sus dueños, desestimaron esta idea pues no inspiraba confianza el personal de servicio que allí trabajaba.


A las ocho de la mañana de ese mismo día, llegó la Señora a la que habría de ser su seguro refugio, en la Calle Santiago. Entre la emoción de los familiares de Fabián, su dueño, preocupados y asustados, pero a la vez orgullosos de alojar a tan egregio huésped, la Imagen fue escondida en un principio en la cama de la esposa del anteriormente citado, persona de edad y que se encontraba enferma. Qué sentimientos no habría de invadir el corazón de esta buena mujer al saberse en la cama, tan cerca de su bien amada patrona. Con qué emocionadas palabras, plenas de amor filial, no habría de dirigirse a la Virgen Bendita, sintiéndola tan cerca. Y también, cómo no, cuánto no habría de sufrir su alma, sabedora que Ella, su Virgen, estaba perseguida y amenazada. No le importó lo peligroso de la situación y la ocultó en el hueco que su cuerpo dolorido dejaba al estar incorporada por sufrir males de espalda. Milagrosamente, su enfermedad quedó curada, no dudando ella en atribuir este favor a la presencia en su casa de la Santísima Virgen. El sitio no acababa de resultar seguro, con lo que es trasladada al doblado de la casa, bajo las tejas. De allí, por temor a que la tan Venerada Imagen sufriera por el calor de Julio, la bajaron a otro escondite, mientras estaba comenzando un nuevo registro. La situación era cada vez más angustiosa, pues los grupos de “escopeteros”, habían amenazado con matar a los que viviesen en la casa donde estuviera escondida la Virgen y posteriormente prenderían fuego a la vivienda. En la cuadra, bajo el estiércol, pasó este nuevo registro que duró un par de horas, tras el cual volvió al doblado, esta vez llevada por el padre de Rosario. Se produjo entonces un momento de particular emoción, donde las lágrimas afloraron a los ojos y el amor hizo, por unos momentos, olvidar el peligro. La Madre de Rosario quiso ver la cara de la Virgen que ya llevaba tres días en su casa. Debió de ser lastimoso para esos ojos acostumbrados a ver a la Celestial Señora, triunfante en su trono dorado, o presidiendo regiamente el altar de la Iglesia, observar el estado en que aparecía ahora ante ellos. Estaba envuelta en un paño negro y en un vestido de la Señorita Reposo Neble, llevando alrededor del cuello una guita que ataba las ropas y las sujetaban. Con nerviosa reverencia, retiraron amorosamente el paño y apareció su angelical rostro, más dulce y hermoso que nunca. A buen seguro que su maternal sonrisa debió confortarlos y darles ánimos en tan comprometedora situación. Al verla tan cerca, la madre de Rosario se dirigió a ella pidiendo que los iluminara, al decirle: “ ... ay, Madre mía de las Mercedes, no encontramos donde meterte. Ya que has querido venir a esta casa, como te pedía mi madre, búscanos Tú un sitio para esconderte ... “


De seguida encontró solución. En la escalera que daba al doblado, había un hueco que estaba cerrado y tenía una puerta y, debajo del hueco, a mano derecha, había un rincón estrecho y alto, como una alacena. Rápidamente se llevó a la Virgen al hueco, que tenía la medida justa de anchura. Pero había que cubrir el hueco; era difícil encontrar los materiales y numerosas vicisitudes acompañaron la búsqueda del yeso, por parte del padre de Rosario, ya que las vigiladas calles solían estar desiertas por miedo a las detenciones. La Virgen quedó oculta en el hueco de la escalera, poniendo a sus plantas un colchoncillo de paja y una manta con objeto de proteger la Imagen de la humedad. Una vez tapiado se encendió una copa, para que con el calor, se secara antes, blanqueándose a continuación. Muy pocas personas conocían el escondite de la Virgen. El 27 de Julio desaparece la amenaza, tras la entrada de las tropas en el pueblo, pero no se descubre la Virgen. Con mucho sigilo y discreción, los padres Mariano y  Pedro María visitaron la casa y conocieron el lugar donde permanecía oculta la Señora. El 12 de septiembre, día de su fiesta, fue descubierta de nuevo, si bien, desde el día antes, ya se había revelado al pueblo que la Virgen se encontraba a salvo y el lugar donde se ocultaba. Se improvisó un altar en la propia casa, presidido por la Imagen; de allí fue trasladada a la Plaza de la Iglesia, donde se ofició la Santa Misa, y, a su término la Stma. Virgen sería finalmente llevada a la Capilla de la Misericordia, que había sido saqueada pero no quemada.[x]


Y Tú, Celestial Princesa, que como Madre buena habrás perdonado ya a aquellos que causaron tanto mal, te viste acosada y perseguida como lo fuiste cuando huiste a Egipto, para escapar de la cruel persecución de Herodes. Como entonces, cogiste a tu Hijo y arropándolo en un manto le buscaste seguro refugio. Y, prodigiosa coincidencia, lo encontraste en una humilde casa, y en su pesebre hallaste abrigo y cobijo, como en el tierno establo de Belén. Como entonces, fuiste escondida entre pajas y, ocultamente, discretamente, esperaste que se revelara el día de Tu gran Gloria. Volvías a reinar en los corazones de Bollullos y, resplandeciente en tu belleza junto a las ruinas de la que fue tu casa, hubiste de ser la piedra angular sobre la que se edificó la nueva casa para tu divino Hijo. Entre los calcinados muros de la Parroquia había perecido tu ráfaga y tu paso, pero el pueblo de Bollullos habría de darte en breve plazo la mayor de las distinciones que te podía otorgar.


Desde ese mismo momento, y hasta 1.948,  los esfuerzos de la hermandad se centraron en perseguir un doble objetivo: por un lado, reintegrar todo el patrimonio perdido como consecuencia de la guerra civil, tanto en lo que se refiere a enseres procesionales, como a objetos de culto, etc. Durante ese periodo, y hasta que se reabriera al culto la Parroquia de Santiago, la Virgen realizó sus cultos y salidas procesionales desde la Capilla de Nuestro Padre Jesús, haciéndolo sobre el paso de la Virgen del Rosario, ya que hasta 1.948 no estrenaría el actual. Por otro lado, retomaría el empeño interrumpido, y que arrancaba desde 1.927, de coronar canónicamente a su Sagrada Titular. De este segundo objetivo damos cuenta el capítulo correspondiente al mismo. Sólo habían pasado quince días de la Coronación, cuando la Hermandad sufre un duro revés. El  17 de Julio muere D. Manuel Ayala, siendo aún Hermano Mayor. Sus cuarenta y cinco años de mandato, cubrieron una de las épocas más gloriosas de la corporación. D. Manuel era abogado y licenciado de Filosofía y Letras y destacaba además por sus grandes dotes de orador. Con él se cierra un periodo importante en la historia de la Corporación y, a la vez, se cierra también el patronazgo de una familia al frente de la misma desde hacía más de un siglo. Su vida, entregada totalmente a la Hermandad, tuvo como colofón la enorme alegría de coronar canónicamente a la Virgen de sus amores, tarea en la que fue artífice principal junto a sus hermanos.


Pero parece que la providencia no quiere dejar nunca a solas a la Hermandad y siempre la dota de esos grandes hombres que saben, por sí solos, marcar una época dentro de ella, de forma que la persona se hace, en sí misma, representación permanente de la Corporación. Si se iba D. Manuel Ayala, entraba  D. José Antonio Carrión, personalidad fortísima y definitoria dentro de la segunda mitad de siglo en la cofradía mercedaria.


José Antonio Carrión, recto y serio, cabal y nunca justamente ponderado; denostado por unos pero admirado y respetado por todos, entregó toda su vida y sus empeños a la Virgen de las Mercedes, su Señora, y a su Hermandad. Sin ocupar nunca el cargo de Hermano Mayor, desde su puesto de Mayordomo, supo encauzar el caminar de esa Corporación que se reorganizaba tras una etapa de excesivo paternalismo, y consiguió dotarla de todos los elementos de cultos y enseres que convenían a la idea de lo que él creía que la Hermandad debía poseer. Con su sapiencia y conocimiento, la convirtió en la más completa y dotada para el culto en un radio muy amplio, y con su actitud y su porte, logró ganarse el respeto de las demás hermandades de la ciudad.


Según nuestro datos, ingresó joven en la Junta, concretamente cuando el 23 de Julio de 1.948 se convoca una junta general para reorganizarla. Habría de permanecer formando parte de su equipo de gobierno hasta el año 1.988, en que murió ostentando aún el cargo de mayordomo. La Hermandad hizo público reconocimiento de su dilatada labor dedicándole una lápida en mármol que se encuentra junto a la puerta principal de la ermita, en su interior. Su texto es el siguiente:”A José A. Carrión Almeida, Mayordomo de la Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes Coronada. En reconocimiento y gratitud por su entrega, dedicación y labor en favor de la Señora. Por María a Cristo. 2 Julio 1.988".


1.948 había sido  un año de gran actividad para la Hermandad, pues a los actos de la Coronación, siguió la elaboración de las nuevas reglas, ya que las anteriores databan de 1.800.


En 1.950 la hermandad hace efectiva una donación que databa de 1.928, por la que  Dña. María Josefa Domínguez Merchante dejaba unas tierras para ser vendidas y que su importe se destinase a pagar los gastos que se originen con motivo de los cultos de la Virgen.


En 1.952, año en que son aprobadas las nuevas reglas, D. José Bernal es nombrado capellán y Rector Honorífico del Santuario.


Al año siguiente, la Santísima Virgen de las Mercedes iba a ser nombrada Canónicamente Patrona de la ciudad. Recordemos que, civilmente, ya ostentaba ese título desde 1.683.


A finales de año se abriría el Año Santo Mariano, que tuvo especial relevancia en Bollullos pues se clausuraría en Noviembre del año siguiente con una magna procesión en la que tomaron parte todas la Vírgenes que reciben culto en el pueblo.

El 8 de diciembre de 1.955, la Santísima Virgen es nombrada Alcaldesa perpétua y, como tal se le entrega el bastón de mando por el Ayuntamiento.


Tres años más tarde, en primavera, la ermita recibe la visita de un egregio personaje. S.A.R. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans, Condesa de Barcelona y Madre del actual Rey de España, que se postra a las plantas de Nuestra Patrona, de quien lleva su nombre, y a la que estaba particularmente interesada en conocer. La Hermandad la recibe y cumplimenta con el agasajo y honores pertinentes para la ocasión, nombrándola Camarera de Honor de la Santísima Virgen. En este mismo año, sobrevendría una noticia triste: moría Fray Albino, Obispo de Córdoba, que había tenido el privilegio de coronar con sus manos a Nuestra Bendita Madre.


Nos vamos ya hasta 1.963, donde se produciría otro hecho importante por lo que suponía cambiar una tradición establecida de antiguo. En cabildo celebrado el 12 de Agosto, se acuerda que, desde ese momento, los cultos de Diciembre se celebrarían en la nueva parroquia de María Auxiliadora. Lo que hoy conocemos como costumbre plenamente establecida, fue, en realidad, una decisión difícil y comprometida. El cambiar tradiciones tan arraigadas siempre lo es, de ahí que desde ese mismo año se produjeran algunos conatos de devolver los cultos de la Inmaculada a la Parroquia de Santiago. El último tendría lugar en 1.977, donde se acuerda que la Virgen venga sólo una vez, para Septiembre, pero ante las protestas que se podrían generar, se establecería que se hiciese de modo alternativo, es decir, que un año fuera a Santiago y otro a María Auxiliadora. Cuatro meses más tarde, en noviembre, se da marcha atrás y se rectifica la decisión antes tomada, quedando establecidos los cultos como los conocemos hoy.


Seis años más tarde, la Hermandad vería incrementado su patrimonio con un importantísimo donativo. Don Antonio Suárez Hernández, anterior hermano mayor, dona la que conocemos como “Casa de la Virgen “, es decir, la casa de hermandad, siendo la primera hermandad de la localidad en disponer de un inmueble para este uso. Los gastos para la construcción de la misma, serían pagados, en su mayor parte, por D. José Calvo Cadaval. Se resolvía así los problemas que tenía la corporación para guardar debidamente los enseres y archivos.

           

En 1.973 se celebran con gran solemnidad los actos conmemorativos de las Bodas de Plata de la coronación canónica. Consistieron éstos en una serie de conferencias pronunciadas durante varios días por eminentes oradores, una velada literario musical donde se incluía un pregón a la Virgen y un solemne triduo preparatorio. El 2 de Julio, por la tarde, se reproducía la escena que veinticinco años atrás había emocionado al pueblo. Por el mismo recorrido, por calles bellamente engalanadas, avanzaba otra vez en triunfo la Señora Coronada. En los corazones que habían vivido con júbilo la coronación, se podía palpar la emoción contenida al revivir aquellas escenas tantas veces recordadas, tantas veces relatadas a los hijos y tantas veces orgullo para el bollullero. Para los más jóvenes era un intento de situarse en lo que pudo haber sido el día más glorioso en la historia de su pueblo y, aunque no llegara a alcanzar las proporciones del año 48, sí es cierto que sirvieron para reavivar aún más el amor a la Madre de las Mercedes y regalarle en su efemérides un reflejo de aquel pasado esplendor.


El 29 de Marzo de 1.974, la Hermandad une a sus títulos el de Sacramental, obtenido al fusionarse con la existente en la Parroquia. Lógicamente, los enseres y archivos de esta, pasan a ser propiedad de la Hermandad de la Patrona.


Ese mismo año se produciría un acontecimiento social importante en relación con la ermita. Aunque la luz eléctrica hacía muchos años que estaba instalada en las calles del pueblo, el templo carecía de ella ya que estaba fuera del sistema de tendidos. La Junta de gobierno encabezó un movimiento que luchó por trazar un ramal de dichos tendidos que llegase hasta el santuario. La empresa no fue fácil, pues hubo que realizar arduas gestiones, amén de una cuestación popular que se denominó “operación cinco duros”, y según la cual, con veinticinco pesetas que diera cada bollullero, quedaría pagada toda la obra.


La solemnidad que da a la función principal de Septiembre la orquesta de cámara dirigida por Villalba, ha estado a veces a punto de ser suprimida, pero la hermandad, con buen criterio, ha conseguido siempre mantenerla contra viento y marea, decisión acertada, ya que representa algo más que un simple acompañamiento musical, siendo todo un símbolo en la memoria colectiva de los bollulleros que cada mañana del doce de septiembre sienten cómo se les eriza la piel cuando comienzan a afinar los violines. Uno de los intentos más serios de supresión, corrió a cargo del entonces párroco D. Antonio Vergara, que así lo propuso a la hermandad en el año de 1.975. Pretendía suprimir las tercias y la orquesta, pero la Junta de Gobierno, apelando a las tradiciones arraigadas en el sentir de los bollulleros, se pronunció unánimemente en contra de tal proposición.


Los últimos años de los setenta y primeros de los ochenta, están marcados por una doble preocupación en la hermandad. Por un lado, el estado que presenta la Imagen de la Virgen, que preocupa a los miembros de la Junta, hasta el punto de que se acuerda que sea estudiada por el prestigioso profesor D. Francisco Arquillo, que hará un informe exhaustivo sobre la misma del que se desprende que ésta, en general, se encuentra en buen estado. Finalmente la Imagen no sería restaurada, aunque en el 85 se registraría una nueva preocupación por el estado en que se encontraba el brazo de la Virgen. Hasta el día de hoy, no ha habido ninguna intervención sobre la Imagen.


Por otro lado, habrá posturas contrapuestas entre la Hermandad y el Ayuntamiento de la localidad sobre el tema de la feria. Esta situación se prolongaría durante varios años. Así en 1.977 se envía un escrito de protesta por el perjuicio en los cultos que causaba el cambio de la feria, que había quedado establecida desde los día 8 al 11 de Septiembre. Años más tarde, gracias al resultado de un referéndum, la feria volvería a su fecha tradicional.


La Hermandad nunca ha abandonado su sentido asistencial, y así en 1.979 construiría una casa para una familia necesitada en un solar de la calle Limón. D. Antonio Iglesias, hermano mayor por estas fechas, fue el impulsor de esta iniciativa.

Mediada la década de los ochenta, se acuerda realizar obras de envergadura en la ermita. No fue esta una tarea sencilla, antes al contrario, estuvo plagada de innumerables problemas y contrariedades, que sólo pudieron ser vencidos por el amor a la Virgen que, finalmente, siempre acababa insuflando nuevas fuerzas a los miembros de la Junta de Gobierno, con su hermano mayor a la cabeza, D. Santiago Villarán. Serían muchas las penalidades pasadas por este grupo de personas en su afán por encontrar mil y una forma de sufragar los cuantiosos gastos que comportaban dicha obra. Hubo que agotar hasta el exceso la imaginación para sacar el dinero de donde no lo había. Se multiplicaron las rifas, se pidieron ayudas, se buscaron donaciones, participaban los devotos regalando las peonadas; se removía, en suma, Roma con Santiago para que a la Madre no le faltara un detalle en su casa, y para que ésta, ante las inclemencias del tiempo, fuera segura para ella y sus innumerables hijos que diariamente la visita. El resultado de tanto trabajo, es el que hoy disfrutan los bollulleros y admiran los visitantes: la pulcra hermosura de su recoleto interior y la imagen de blancura, silencio y limpieza que se transmite a cuantos trasponen el umbral de la Santa Casa de la Virgen.




[i] Alonso Morgado, J. Sevilla Mariana. Volumen V. Pag 218-9.

[ii] A.H.V.M. Lº 1º, fº 79-83.

[iii] A.H.V.M. Lº 1º, Cabildo de 13 de Enero de 1.799.

[iv] A.H.V.M. Acuerdo del Ayuntamiento.

[v] A.H.V.M. Acuerdo del Ayuntamiento.

[vi] A.H.V.M.

[vii] A.H.V.M.

[viii] A.H.V.M.

[ix] A.H.V.M.

[x] A.H.V.M.

Reseña histórica elaborada por Don Francisco Javier Diáñez y Don Juan Ignacio Pérez Díaz.